martes, 20 de agosto de 2013

EVA 23: explorando la frontera


Mantengo los ojos cerrados mientras escucho a Chris hacer la cuenta atrás de la presión atmosférica dentro de la esclusa – ya está cerca de cero. Pero no estoy cansado, ¡más bien al contrario! Me siento completamente recargado, como si fuera electricidad en vez de sangre lo que corre por mis venas. Sólo quiero asegurarme de experimentar y recordarlo todo. Me estoy preparando mentalmente para abrir la puerta porque esta vez seré el primero en salir de la Estación. A lo mejor me viene bien que ahora sea de noche: al menos no habrá nada que me distraiga. 

Cuando leo 0.5 psi, llega el momento de girar la manivela y tirar de la compuerta. Fuera está completamente negro, pero no el color negro, sino más bien una completa ausencia de luz. Un espectáculo que me absorbe mientras me inclino para enganchar nuestros cables de seguridad. Me siento completamente tranquilo mientras giro mi cuerpo para dejar pasar a Chris. En cuestión de segundos, terminamos los chequeos recíprocos y nos separamos. Incluso aunque nos dirigimos más o menos a la misma parte de la Estación Espacial Internacional, nuestras rutas son completamente distintas, poniendo en marcha la coreografía que hemos estudiado meticulosamente. Mi ruta es directa, hacia la parte trasera de la Estación, mientras Chris tiene que ir primero hacia la parte frontal para enrollar su cable alrededor de Z1, la estructura central que está encima del Node 1. En este momento, ninguno de los que estábamos en órbita o en la Tierra podríamos imaginar cuando influiría esta decisión en los eventos del día.

Luca Parmitano durante la EVA 23 / Imagen: NASA
Pongo especial atención a cada movimiento mientras me dirijo hacia el saco protector que dejamos fuera la semana pasada. No quiero cometer el error de sentirme tan cómodo como para estar relajado. Dentro del saco encuentro los cables que forman parte de la que probablemente sea mi tarea más difícil del día. Tengo que conectarlos a los conectores externos de la Estación, mientras al mismo tiempo los sujeto a la superficie con pequeños alambres de metal. Ambas operaciones requerirán que utilice mucho mis dedos, y sé por experiencia que será una labor extenuante debido a los guantes presurizados.

Chris Cassidy / Imagen: NASA
Chris conectó parcialmente el primer cable la semana pasada, así que sujeto la parte que sigue sin atar y la guío con cuidado hacia el conector. Después de una dificultad inicial, informo a Houston de que he completado la tarea y estoy preparado para el segundo cable. Después de hacerme con el siguiente cable, me muevo en la que creo que es la posición más difícil para trabajar en toda la Estación: estoy literalmente atrapado entre tres módulos diferentes, con mi visera y mi PLSS (mi “mochila”) a sólo unos pocos centímetros de las paredes externas del Node 3, Node 1 y el laboratorio. Con mucha paciencia y con un considerable esfuerzo, consigo ajustar un extremo del segundo cable al conector. Después, moviéndome ciegamente hacia atrás, me libero de la incómoda posición en la que he tenido que trabajar. En tierra, Shane me dice que voy casi 40 minutos por delante de lo planeado, y Chris también va por delante en sus tareas.

En este preciso instante, mientras pienso en cómo desenrollar el cable cuidadosamente (se está moviendo de un lado a otro como poseído en la ingravidez), siento que algo va mal. La inesperada sensación de agua en la nuca me sorprende – y estoy en un lugar donde preferiría no tener ninguna sorpresa. Muevo mi cabeza de lado a lado, confirmando mi primera impresión, y con un esfuerzo sobrehumano me obligo a informar a Houston de lo que estoy notando, sabiendo que podría significar el final de esta EVA. En tierra, Shane confirma que han recibido mi mensaje y me pide que espere instrucciones. Chris, que acaba de terminar, sigue cerca y se mueve hacia mí para ver si puede ver algo e identificar la fuente del agua en mi casco.

Al principio, ambos estamos convencidos de que debe ser agua potable de mi contenedor, o si no, es sudor. Pero yo creo que el agua es demasiado fría para ser sudor, y lo más importante, puedo notar como está aumentando. Tampoco puedo ver ningún líquido saliendo de la válvula para beber agua. Cuando informo a Chris y Shane, inmediatamente recibimos la orden de “terminar” la salida. La otra posibilidad, “abortar”, es usada para problemas más serios. Me dan instrucciones para volver a entrar en la esclusa. Juntos decidimos que Chris debería asegurar todos los elementos que están fuera antes de volver sobre sus pasos hacia la esclusa. Es decir, él irá primero hacia la parte frontal de la Estación. Así que nos separamos.

Luca "atascado" entre 3 módulos.
Mientras vuelvo por mi ruta hacia la esclusa, estoy aún más seguro de que el agua sigue aumentando. La noto cubriendo la almohadilla de mis auriculares y me pregunto si perderé la señal de audio. El agua también ha cubierto prácticamente la parte frontal de mi visera, adhiriéndose a ella y oscureciendo mi visión. Me doy cuenta de que para superar una de las antenas en mi ruta tendré que mover mi cuerpo en una posición vertical, también para que mi cable de seguridad pueda desenrollarse con normalidad. En ese momento, mientras me pongo cabeza abajo, pasan dos cosas: el Sol se pone, y mi habilidad para ver – ya comprometida por el agua – desaparece por completo, haciendo inútiles a mis ojos; pero peor que eso, el agua cubre mi nariz – una sensación realmente horrible que empeoro sacudiendo mi cabeza en un intento en vano de mover el agua. La parte superior del casco está llena de agua y ni siquiera puedo estar seguro de si la próxima vez que respire llenaré mis pulmones con aire y no con líquido. Para complicar más las cosas, me doy cuenta de que tampoco puedo entender hacia qué dirección debo dirigirme para volver a la esclusa. No puedo ver más allá de unos pocos centímetros por delante de mí, ni siquiera lo suficiente para distinguir las asas que utilizamos para movernos alrededor de la Estación.

Intento contactar con Chris y Shane: escucho mientras hablan entre sí, pero sus voces suenan débiles: apenas puedo oírlos y apenas pueden oírme. Estoy solo. Me pongo a pensar frenéticamente en un plan. Es vital que consiga llegar adentro tan rápido como sea posible. Sé que si me quedo donde estoy Chris vendrá a buscarme pero, ¿cuánto tiempo tengo? Es imposible saberlo. Entonces recuerdo mi cable de seguridad. Su mecanismo de retroceso tiene una fuerza de alrededor de 3 libras que me “empujarán” hacia la izquierda. No es mucho, pero es la mejor idea que tengo: seguir el cable hasta la esclusa. Me obligo a mantenerme tranquilo y, localizando pacientemente las asas a través del tacto, comienzo a moverme, todo el rato pensando en cómo eliminar el agua si llegara a alcanzar mi boca. La única idea que se me ocurre es abrir la válvula de seguridad en mi oreja izquierda: si creo una despresurización controlada, debería conseguir expulsar algo de agua, al menos hasta que se congele por sublimación, lo que pararía el flujo. Pero hacer un “agujero” en mi traje sería realmente la última opción.

Mission Control, Houston / Imagen: NASA
Me muevo durante lo que me parece una eternidad (aunque sé que son sólo unos minutos). Finalmente, con una gran sensación de alivio, miro a través de la cortina de agua delante de mis ojos y distingo la cubierta térmica de la esclusa: sólo un poco más, y estaré a salvo. Una de las últimas instrucciones que recibí fue volver adentro inmediatamente, sin esperar a Chris. Según el protocolo, yo debería haber sido el último en entrar a la esclusa, porque fui el primero en salir. Pero ni Chris ni yo tenemos problema en cambiar el orden de reentrada. Moviéndome con los ojos cerrados, consigo meterme dentro y posicionarme para esperar el regreso de Chris. Noto movimiento detrás de mí, Chris entra en la esclusa y juzgando por las vibraciones, sé que está cerrando la escotilla. En ese momento, la comunicación para a Karen y por alguna razón, puedo escucharla bastante bien. Pero me doy cuenta de que ella no me puede oír porque repite mis instrucciones aunque yo ya haya respondido. Sigo las instrucciones de Karen lo mejor que puedo, pero cuando comienza la presurización pierdo todo el audio. El agua está ahora dentro de mis oídos y estoy completamente aislado.

Intento moverme lo mínimo posible para evitar mover el agua dentro de mi casco. Sigo dando información sobre mi salud, diciendo que estoy bien y que la presurización puede continuar. Ahora que estamos presurizando, sé que si el agua me agobia siempre podré abrir el casco. Probablemente perdería el conocimiento, pero en cualquier caso sería mejor que ahogarme dentro del casco. En un momento dado, Chris aprieta mi guante con el suyo y yo le doy el universal “OK” con el pulgar. ¡La última vez que me escuchó hablar fue antes de entrar en la esclusa!

Los largos minutos de presurización pasan y por fin, con una inesperada ola de alivio, veo la puerta interna abierta y el equipo entero reunido y listo para ayudar. Me sacan y Karen desabrocha mi casco tan rápido como es posible, levantándolo con cuidado sobre mi cabeza. Fyodor y Pavel me pasan una toalla inmediatamente y se lo agradezco sin oír sus voces porque mis oídos y nariz todavía siguen llenos de agua durante unos minutos más.

El espacio es duro, una frontera inhóspita y nosotros somos exploradores, no colonizadores. Las habilidades de nuestros ingenieros y la tecnología que nos rodea hacen que las cosas parezcan sencillas cuando no lo son, y quizá lo olvidamos a veces.

Mejor no olvidar.

martes, 13 de agosto de 2013

Mensaje en una botella



Estación Espacial Internacional enmarcada en la completa oscuridad. / Imagen: NASA

Uno de los parámetros de la órbita de la Estación alrededor de la Tierra es el ángulo beta, que determina la dirección en la que nos llegarán los rayos del Sol. Normalmente no nos preocupamos mucho por este parámetro porque no nos afecta en nuestra vida cotidiana, excepto en ciertas situaciones: cuando el ángulo beta está muy elevado, como lo ha estado estos últimos días, pasamos largos periodos a la luz del Sol. El periodo de luz se hace relativamente largo, mientras que las noches son muy cortas. Esto hace difícil mirar hacia el exterior de la Estación y ver nuestro planeta de noche, porque la Tierra está en la sombra mientras nosotros seguimos en la luz. Como consecuencia, el exterior se ve completamente negro. Es como mirar por la ventana por la noche cuando tienes las luces encendidas y fuera no hay ninguna farola.

Últimamente, después de hacer la última comunicación por la tarde con Houston y los otros Centros de Control, me preparo para tomar unas cuantas fotos pero me doy cuenta de que no hay nada visible en el cielo. Hemos estado viajando inmersos en el espacio completamente negro.

Vista del laboratorio Columbus / Imagen: NASA
Ahí es cuando pensé en usar una de las piezas del equipo en el laboratorio europeo Columbus, un instrumento que a veces está un poco abandonado por nosotros los astronautas: un equipo de radioaficionado. Debo confesar a todos los amantes de la radioafición que yo nunca lo he sido. Como militar, fui entrenado para usar la radio profesionalmente, siguiendo el mantra de las 4Cs – Clear, Correct, Concise Comms (Comunicacones Claras, Correctas y Concisas), que era repetido al comienzo de cada misión. Era un contacto de radio como medio, nunca como fin en sí mismo. De hecho, a veces cuando volábamos en misiones muy complejas, la interferencia causada felizmente sin darse cuenta por entusiastas radioaficionados “explorando” nuestras frecuencias nos llevaba inevitablemente a una gran frustración y mal humor.

Así que os podéis imaginar mi dudosa diversión cuando, hace unas semanas, me senté en la radio por primera vez, buscando establecer algún tipo de “contacto” entre la Estación y la Tierra…

Puse la radio en la frecuencia “aleatoria”, y sin saber que esperar me puse los cascos. Físicamente, la Estación Espacial Internacional seguía estando a muchos kilómetros de distancia de las costas de Europa, pero nuestro horizonte se extiende miles de kilómetros debajo de nosotros y varias estaciones europeas en tierra ya nos podían ver. Mis oídos enseguida se vieron envueltos en una cacofonía de sonidos y ruidos irreconocibles, voces, chirridos y ruido blanco. Pero de repente, una voz surgió por encima del resto de sonidos; era un chico joven, en mi mente poco más que un niño. Estaba llamando al distintivo de llamada americano de la ISS (NA1SS) y repitiendo su propio distintivo de llamada. Me sorprendí por la emoción que se despertó en mí mientras trataba de responder a la llamada, usando el distintivo de llamada italiano (IR0ISS). Pero mi emoción no fue nada comparado con la perplejidad e incredulidad que escuché en esa voz, a miles de kilómetros. Hablando inglés con un bonito acento portugués, el operador de radio al otro lado de la señal sólo puedo decir unas pocas palabras – “No sé qué decir… ¡Para mí esto es un sueño hecho realidad! – antes de que nuestra conversación se viera interrumpida y enterrada por los enjambres de otras llamadas.

La costa mediterránea y una tormenta acercándose / Imagen: NASA
Durante unos 15 minutos mientras pasábamos sobre el oeste, centro y este de Europa, intenté contestar a docenas de personas que enviaban sus mensajes al éter con la esperanza de que, a miles de kilómetros de distancia, la antena de la Estación Espacial recogiera su señal y yo fuera capaz de descifrar lo que estuvieran diciendo. Desde diferentes países, con diferentes equipos de radio, pero todos con el mismo deseo, estas personas – hasta hace un momento completos extraños – comenzaron a tomar forma en mi mente. Se convirtieron en miembros de una familia, esparcida en miles de islas y en contacto unas con otras sin otra cosa que estos “mensajes en botellas”, enviados sin certeza pero con la vaga esperanza de que alguien en algún lugar los recogería. Mensajes enviados con paciencia estoica, sin saber quién podría escuchar su llamada en ese infinitamente inmenso océano de éter. Hombres, mujeres, jóvenes y mayores, expertos y principiantes – todos me envolvieron en un manto de amistad y gratitud, sin darse cuenta de que soy yo el que les debería agradecer a ellos por abrirme las puertas a una experiencia que empezó con ese chico joven en Portugal, y que cruzar el espacio y el tiempo, alcanza el corazón de cada radioaficionado incluso antes de alcanzar sus oídos.

martes, 6 de agosto de 2013

Vuelo nocturno (disculpas a De Saint-Exupery)



Es lunes por la noche, y después de un día realmente ajetreado en la Estación, el agotamiento se está imponiendo – incluso en gravedad cero. Después de cenar, me sobreviene el letargo. Veo el mismo pensamiento escrito en las caras de mis compañeros viajeros, Karen y Chris, y sé que hoy seré el que apague las luces porque ellos estarán en la cama antes que yo.

Esta noche tengo una cita que no me quiero perder, incluso si significa que la alarma de mi reloj me dolerá más de lo normal mañana por la mañana. Es una cita especial sólo para mí, para ver mi país como nunca antes lo he visto. Según nuestros planos orbitales, sé que a alrededor de las 22:00 pasaremos encima de la costa mediterránea y podré ver Italia iluminada de noche.

Cinco minutos antes de la hora establecida, me deslizo fuera de mi saco de dormir y cruzo silenciosamente el laboratorio y el Node1. Me paro en el Node3 para apagar la única luz que dejamos encendida por la noche -  la del baño. Toda la zona está ahora en la completa oscuridad. Ninguna luz entra por la Cúpula porque las siete ventanas están cerradas como cada noche. Pero no por mucho tiempo.

Usando mi linterna, entro en la Cúpula y lentamente, abro cada ventana, una tras otra. Aunque sólo quedan unos minutos para volar sobre Italia, todavía estamos sobre África central, donde un fiero monzón se extiende y llena entero mi campo visual, de un horizonte al otro, cientos de kilómetros. En la oscuridad de la noche orbital, los relámpagos brillan con una luz irreal en una de las escenas más bonitas que he visto. Trazos de luz azul cruzan mi vista, estallando desde docenas de nubes de tormenta. Con un ritmo frenético, digno del mejor percusionista, las nubes blancas iluminadas momentáneamente por el relámpago abren la noche africana, oscurecida por la ausencia de farolas. Con una violencia que casi puedo sentir desde aquí, 400 km por encima de las nubes más altas. La ausencia de truenos da un ambiente surrealista a las tormentas, y el silencio es ensordecedor.

Estoy sin aliento por la emoción y casi olvido mi cámara. Aparto mis ojos de la escena y tomo algunas fotos, intentando capturar algo del eléctrico y terrible espectáculo que está ocurriendo delante de mis ojos, cientos de kilómetros debajo. Pero en cuestión de minutos cruzamos la línea del ecuador y todo se acaba tan repentinamente como empezó. Las nubes se despejan para dejar paso al desierto, y estamos pasando sobre Marruecos.

En el horizonte hacia el noreste, una luz difusa y desteñida atrae mi atención – el resplandor artificial de la luz de la presencia humana. Mientras tanto, ha salido la Luna, bañando el terreno con luz reflejada, y ambas fuentes de luz revelan detalles, incluso el constante cambio del color del suelo. Un momento después ya estamos sobre la costa, siguiendo una ruta casi paralela que me permite asimilar su robusta belleza.

Mirando hacia el norte, veo las Islas Baleares completamente iluminadas, y conscientemente me contengo para no mirar directamente hacia el este: quiero saborear estos momentos. Debajo de mí, a través de la ventana central de la Cúpula, veo Túnez, Hammamet y Sfax, y me doy cuenta de que no queda mucho tiempo. A través de la ventana justo enfrente de mí, iluminado como las calles de un pueblo en carnaval, veo una de las vistas más emocionantes que he visto como astronauta: una forma inconfundible, completamente libre de nubes, la bota de Italia perfectamente delineada por lunes que van ininterrumpidamente desde la punta de Calabria hasta la costa de Liguria, trazando su perfil como toda una nueva constelación en las nocturnas profundidades del mar Mediterráneo. Cerdeña y Córcega, no tan brillantes como el resto, se mueven lentamente ante mi vista, y en el horizonte hacia el noreste, una violenta tormenta parece destruir Europa central, desde Austria a Alemania. Desde aquí arriba, Nápoles y Roma dominan la escena, radiando un esplendor por encima de todas las demás ciudades. Pero Bolonia, Florencia, Milán, Turín – todas ellas son visibles, a miles de kilómetros de distancia. El Vesubio forma un círculo oscuro en unas tierra absolutamente saturadas por la luz.


Debajo de mí, es Sicilia la que inunda la Cúpula con luz. Examino cada detalle y rastreo cada figura en la suave luz de la Luna, viajando a gran distancia sobre una tierra que emana la calidez familiar del abrazo de un amigo. Desde Palermo, distingo apenas visible una línea de luz que recorre la amplitud de Trinacria, ramificándose como las venas en todas direcciones, pero llegando sin interrupción a Catania. El Etna es un agujero negro impenetrable incluso para la luz de la Luna, casi como si no quisiera distraer la atención del resto.

En la distancia, a varios miles de kilómetros (una distancia que recorreremos en cuestión de segundos), el amanecer está comenzando, tiñendo las capas más bajas de la atmósfera de azul y dorado. Mientras intento fotografiar la tierra que pasa bajo la Estación, me doy cuenta de que ninguna imagen podría captar la sensación de increíble fragilidad que se está formando en mi mente. Esta sensación se ve magnificada por el profundo conocimiento de que este momento es único, irrepetible, y que incluso si volviera a seguir una trayectoria similar otra vez, seguiría siendo diferente. La luz sería diferente, las nubes formarían una cicatriz en el perfecto cielo nocturno que he visto esta noche, e incluso yo sería diferente. Y unos momentos después, como para confirmar mis pensamientos, todo se ha acabado.  La Estación Espacial Internacional se dirige hacia los Balcanes mientras me giro para capturar unas cuantas últimas imágenes de mi país, todavía visible a través de las ventanas traseras de la Cúpula.

Es tarde, y mañana será un largo día. Con esas luces todavía llenando mis ojos, cierro lentamente las siete ventanas y cruzo la Estación para volver a mi saco de dormir. Ningún sueño podría quitarle el lugar a la belleza de la realidad que gira, sin darse cuenta, debajo de mí.

jueves, 1 de agosto de 2013

Todo en una semana de trabajo


Después de la emoción de las dos EVAs, volvimos a nuestra rutina de trabajo, si se puede llamar así. El menú de esta semana se ha caracterizado por tener mucha ciencia y tareas de mantenimiento.

Progress / Imagen: NASA

La llegada de Progress 52 el 27 de Julio trajo algunas novedades, lo cual es siempre bienvenido. Sólo seis horas después de su lanzamiento, el vehículo se acoplaba automáticamente con la Estación Espacial Internacional, trayendo suministros muy necesitados para la tripulación y la Estación.

Progress es el vehículo de transporte espacial de Roscosmos, la agencia espacial rusa. Pesa alrededor de 7 toneladas.

Rover K10 / Imagen: NASA
Como de costumbre, hemos estado ocupados con un montón de experimentos, algunos de los cuales son nuevos para mí. Por primera vez desde que llegué a la Estación, tomé parte de un experimento tele-robótico, que supone manejar remotamente un robot –el K10 de la NASA – localizado en la Tierra. Se puede mover autónomamente o según mis órdenes, que son transmitidas desde 400 km de distancia. Es una idea emocionante que representa el futuro de la exploración: la interacción entre un astronauta a bordo de una futura nave espacial y un robot en la superficie de un planeta todavía sin explorar será de vital importancia, por ejemplo, para establecer las condiciones de seguridad de un eventual aterrizaje.

Esta es la segunda de una serie de pruebas destinadas a crear una especie de “parada intermedia” -  un punto estratégico en el espacio desde donde dirigir misiones a la Luna. El modelo operacional incluiría un telescopio ubicado detrás de la cara oculta de la Luna en el punto L2 para poder controlar los robots de la superficie.

Recientemente, he estado trabajando mucho en Columbus, especialmente para Biolab. También he estado ocupado con un experimento que está a punto de comenzar, sustituyendo varios componentes de una cámara de combustión que se encuentra instalada en un compartimento a bordo. La cámara se utilizará para quemar combustibles especiales en condiciones completamente controladas.

Todas las tareas son importantes

Miles de tareas diarias, semanales y mensuales constituyen nuestros deberes como astronautas. Es muy importante dedicar el mismo esfuerzo a cada una, desde aquellas que pueden parecer menos interesantes hasta las que son más emocionantes. Así todo se hace más fácil. A bordo de las Estación, todos tenemos nuestros roles bien definidos y cada contribución es clave para mantener esta infraestructura tan extremadamente compleja.

Intento disfrutar del hecho de que cada uno de los trabajos realizados aquí en la Estación Espacial, en este ambiente tan completamente extraño al que nos hemos adaptado, tiene su particular peculiaridad e interés. Por ejemplo, paso parte de la mañana del sábado haciendo limpieza. Podríais pensar que es algo realmente aburrido, algo que hacemos por estricta necesidad. Pero en realidad, os aseguro que con mis cascos puestos y escuchando mi música favorita, me divierto mucho volando en ingravidez. La idea de estar en un lugar tan extraño y remoto intentando hacer una actividad tan común es realmente fascinante.

Por supuesto, en términos de emoción y recuerdos increíbles, una actividad extra-vehicular (EVA) está a otro nivel. Son momentos que jamás olvidaré, y espero tener más como esos. Después de todo, ¡soy astronauta y ése es mi trabajo! Al mismo tiempo, realizar trabajos de mantenimiento extraordinarios e importantes como hice hace dos semanas en Columbus cuando instalé el Water Pump Assembly (montaje de la bomba de agua) que restableció la completa funcionalidad del laboratorio – bueno, esas actividades te dan una gran sensación de satisfacción.

La importancia de la investigación en la Estación

El espacio es parte de nuestra vida cotidiana (aunque raramente nos demos cuenta). La investigación científica que realizamos a bordo de la Estación Espacial Internacional es una parte– tristemente ignorada -  de ello, y tiene un gran impacto en la vida en la Tierra.

La Estación es el único laboratorio científico de investigación de su tipo, un lugar para experimentar con la tecnología más avanzada. Tecnología para la exploración, el desarrollo de nueva tecnología, ciencia de materiales, física, biología, fisiología humana, medicina, ciencias de la Tierra, actividades educacionales, ciencias de la vida, etc. ¡Hay algo para todos!

La investigación del cáncer lleva en marcha unos 40 años pero, por desgracia, todavía no hemos conseguido encontrar una cura definitiva para esta enfermedad. En este ámbito, nadie (con toda la razón) esperar encontrar unos resultados revolucionarios de la noche a la mañana. Pero cuando hablamos de la ciencia que se lleva a cabo a bordo de la Estación Espacial, el público tiene diferentes expectativas: ¡resultados instantáneos!

Es vital entender que, como las investigaciones realizadas en la Tierra, la ciencia a bordo de la Estación necesita tiempo para obtener resultados. Pero el impacto que estos resultados podrían tener en el futuro -  en 10, 30 o 50 años -  es imposible de cuantificar.

Skin-B

Skin-B es un experimento que estudia el proceso de envejecimiento de la piel. Su objetivo es recoger información en la fisiología de la piel en el espacio, porque los científicos se han dado cuenta de que la piel de los astronautas atraviesa un rápido proceso de envejecimiento mientras están en órbita, el cual es reversible cuando vuelven a la Tierra. Utilizando herramientas especializadas, tomo fotos ultravioletas y mido la tensión superficial de mi piel y el nivel de agua que se evapora. Skin-B recogió datos sobre mi piel antes del despegue, los está recogiendo mientras estoy en la Estación y seguirá haciendo lo mismo después de mi misión para generar un modelo del proceso de envejecimiento. Este estudio, que es muy específico comparado con otras actividades científicas, tendrá potencialmente un gran impacto en la Tierra. Entender los mecanismos de la piel, como la regeneración y el envejecimiento, podría tener aplicaciones muy prácticas en los campos de la dermatología y la cosmética, por ejemplo.

Estos experimentos, aunque a menudo desconocidos para el público en general, representan la actividad principal de lo que hacemos aquí arriba. Por desgracia, no siempre conseguimos comunicar la importancia de estas actividades porque al fin y al cabo, nosotros somos los operadores y no los investigadores.

Autoexamen de reacción

Otro ejemplo es un experimento que llevo realizando desde hace más de un año y que continuaré después de mi regreso. Estudia la capacidad humana de mantener altos niveles de concentración en circunstancias extrañas y en condiciones de fatiga y alto estrés. El autoexamen de reacción tiene una pieza sencilla de software que mide mis tiempo de reacción justo después de despertarme y justo antes de irme a dormir. Puede parecer un estudio muy simple pero forma parte de una base de datos enorme con información recogida durante un periodo de años que ayuda a los científicos a entender cómo nuestra mente puede reaccionar y mantenerse concentrada en una tarea y cómo se degenera esta capacidad cuando, por ejemplo, estamos bajo presión o cansados. Este tipo de investigación ayudará a los expertos en esa área a mejorar los procedimientos que se utilizan cada día en ambientes especiales de trabajo, como la aeronáutica, donde los pilotos trabajan y se adaptan a ciclos nocturnos y diurnos y/o a cambiar constantemente de zona horaria.

Estos estudios pueden ser menos visibles, pero eso no significa que sean menos importantes. Una gran parte de mi trabajo es difundir esta información, intentando llegar al mayor número de gente posible.

jueves, 18 de julio de 2013

La segunda EVA: vista desde el Centro de Control


Preparando la segunda EVA
El paseo espacial USOS EVA#23 fue interrumpido apenas una hora después de comenzar, cuando Luca avisó de que se estaba acumulando líquido en su traje. Esto nos llevó a tomar la decisión de abortar el paseo espacial.

Primero lo más importante: Luca está bien y ya ha vuelto a la actividad normal de la Estación Espacial Internacional. Hablamos con él ayer por la mañana en nuestra reunión semanal con la tripulación y, por supuesto, lo que pasó el martes fue el tema principal de conversación.

“Chicos, me encuentro bien, gracias por todo el apoyo. Estoy bien de verdad y preparado para seguir adelante…”, afirmó Luca al final de nuestra charla.

La principal tarea y responsabilidad de un centro de control y su personal es garantizar la seguridad del astronauta y que todas las decisiones tomadas le protegen de cualquier daño.

Luca durante la EVA
Cuando Luca informó de que notaba agua en su casco, toda la atención se concentró en los datos de los que disponían los controladores, para ver si había algo visible en la telemetría (los datos que miramos constantemente en nuestras pantallas). Por supuesto, también recibimos datos del traje durante el paseo espacial. A veces es difícil relacionar un mensaje de la tripulación con los datos que vemos, en particular cuando no es un problema obvio. Como os podéis imaginar, hubo mucho debate dentro de la sala de control entre las distintas disciplinas: doctores, gerentes, ingenieros y expertos. Necesitábamos entender el origen del problema y evaluar la situación rápidamente.

Cada vez que Luca señalaba más información sobre lo que sentía y notaba, nosotros teníamos más piezas del puzzle. Cuando la tripulación habla, hay silencio en la sala de control. Esta es una regla general, pero cuando algo inesperado ocurre, no queremos perdernos ni una sola palabra de lo que él o ella está diciendo.

Estaba claro que había algo visible filtrándose alrededor de la cabeza de Luca. El agua en micro-gravedad forma grandes burbujas, y si una gran burbuja se forma alrededor de la cabeza de un astronauta, él o ella corren el riesgo de inhalarlo. Y el hecho de que un astronauta no pueda tocar su cara hace imposible el librarse del agua.

Pronto se hizo evidente que la situación no estaba mejorando y había que tomar una decisión. Con el fin de evitar riesgos, se decidió abortar el paseo espacial y mandarlos de vuelta al interior de la Estación.

Mission Control Houston / Imagen: NASA

Desde la EVA, los astronautas han estado realizando pruebas con los centros de control para entender dónde estaba y cuál era la causa del problema. Hasta que se entienda completamente y se tenga bajo control, la tripulación permanecerá a salvo dentro de la Estación Espacial. Por el momento, no sabemos cuando tendremos el próximo paseo espacial.

Los astronautas, al igual que los miembros del centro de control, están muy bien entrenados para afrontar este tipo de situaciones. El éxito de la misión y la seguridad de la tripulación se basa en un extenso entrenamiento, simulaciones y procedimientos, para que cuando algo así suceda, estemos orgullosos de poder lidiar con ello. Al final del turno de tarde, la gente se fue a casa con la buena sensación de que Luca y Chris habían vuelto al interior a salvo. No obstante, fue un día largo y difícil.

lunes, 15 de julio de 2013

Un paseo por el espacio


Luca durante la EVA
La esclusa está oscura y silenciosa como un templo, quizá uno dedicado a la tecnología. Al entrar, tiene el efecto calmante de una oración.

Todavía es temprano pero ya llevo levantado una hora. Despúes de afeitarme con más cuidado de lo habitual (no quiero hacerme ningún corte en la cabeza o la cara), tomo un desayuno especialmente grande – no habrá almuerzo hoy. Luego me giro hacia Chris, y debe haber leído la pregunta en mi cara, porque responde incluso antes de que tenga tiempo a hablar: “Sí, vamos allá”. En otras palabras, ha llegado la hora.

El primer paso hacia una EVA (actividad extra-vehicular) es una larga serie de procedimientos, diseñados para manteneros seguros. Después de habernos puesto una sub combination (una especie de ropa interior que nos cubre desde el cuello a los tobillos) y la LCVG (siglas en inglés de Prenda de Refrigeración Líquida y Ventilación), respiramos oxígeno puro durante unos 40 minutos para eliminar el nitrógeno de nuestros cuerpos. Mientras tanto, el equipo en tierra nos guía a través de una serie de comprobaciones en nuestros trajes EMU (siglas en inglés de Unidades de Mobilidad Extra-vehicular), que nosotros seguimos con especial atención: aunque había seguido estos pasos coreografiados muchísimas veces en tierra durante simulaciones, ahora es de verdad y pronto dependeré de este incómodo traje para sobrevivir fuera de la Estación. En el espacio. Es una idea tan increíble que mi cerebro no se para a pensarlo, y en lugar de eso me concentro en las actividades en marcha. El tiempo pasa volando, y de repente es hora para un último tentempié antes de ponernos los trajes. Durante unas 9 horas, no podré comer nada. Todo lo que tengo es una pajita de plástico que me permitirá beber mientras esté fuera.

Ponerse el traje espacial requiere un esfuerzo físico considerable, sobre todo para la parte superior. La sección del torso es rígida y apretada, especialmente para mí porque elegí una talla más pequeña para poder tener más agilidad. Y seré más ágil, pero el precio que debo pagar es tener que contorsionar mis brazos y hombros mientras empujo con mis pies tanto como puedo, hasta que mi cabeza cabe a través del aro de metal y mis manos entran por las muñequeras del traje.
Preparando los trajes

Karen y Chris unen la parte inferior de mi traje espacial (los pantalones) y después es el turno de que Chris haga un esfuerzo similar para meterse en su traje. Karen cierra y bloquea los cascos de ambos trajes tan cuidadosamente como puede, aislándonos dentro. Después pasamos a la segunda fase: el procedimiento de desaturación, durante el cual los trajes son llenados de oxígeno y se configura la esclusa a una presión de 10.2 psi. Mientras tanto, Chris y yo revisamos por enésima vez los procedimientos que seguiremos, centrándonos en cada aspecto de la salida, cada movimiento y cada detalle que estamos a punto de ejecutar. Las comprobaciones continúan su curso y los trajes están en perfecto orden. Lo confirma Houston, donde están siguiendo todo por telemetría, incluso nuestros datos biomédicos.

Fyodor llega para ayudar a Karen a instalar nuestro equipo y para ayudarnos a entrar en la esclusa sellada. Este área, ligeramente más grande que los dos trajes que llevamos puestos, no sólo debe alojarnos a nosotros sino también a todas las herramientas que usaremos para el trabajo de mantenimiento y los instrumentos que hay que sustituir. Enciendo la bomba para despresurizar el ambiente hasta 2 psi; después Karen abre una válvula para descargar el resto de la atmósfera. Parezco estar consciente de todo lo que ocurre a mi alrededor y me siento como si lo estuviera viendo todo a cámara lenta. De repente, me doy cuenta de que el sonido metálico cacofónico proveniente de nuestras herramientas flotando ha desaparecido. El sonido ya no viaja e incluso antes de que Chris me lo diga, sé que la despresurización está completa: estamos en el espacio.

Luca saliendo / Imagen: NASA
Con su calma característica, Chris abre la escotilla y tengo mi primera visión de la Tierra rodando bajo mis ojos. Mi visera es lo único que me separa y me protege de la ardiente luz. El azul cristalino es hipnótico, pero no hay tiempo para detenerse. Chris ya está listo para salir y en unos segundos está fuera. Ahora es mi turno. Con una calma ensayada y metódica, ejecuto cada movimiento como un bailarín sigue su coreografía, pero yo no estoy buscando el aplauso final -  sólo quiero estar seguro de no cometer ningún error. Cuando Chris me dice, “Vale, ¡estás fuera!”, sé que tiene una sonrisa en sus labios, aunque no puedo verlo porque ambos tenemos nuestras viseras doradas bajadas. Es de día, y la luz es tan pura y brillante que hace daño.

De repente, Chris se va, y yo cierro la tapa aislante que protege el interior de la esclusa. Houston me dice que me tome todo el tiempo que quiera para adaptarme, pero yo tengo otros planes: he decidido adaptarme mientras me muevo hacia mi destino: ELC2. Y tan pronto como comienzo a moverme, me doy cuenta de que no tendré problemas: me siento bien, relajado -  como pez en el agua en un entorno que debería sentir completamente extraño para mí. Sin embargo lo siento como algo familiar. Cientos de horas bajo el agua han tenido el efecto deseado. Mientras me muevo, veo que Norteamérica pasa debajo de mí, teñida con la luz del atardecer. Me siento tan bien que no puedo evitar sonreír. Pero mi sonrisa no dura mucho. Cuando llego a mi ubicación planeada para anclar el primero de los dos cables que me sujetan a la Estación, mis ojos empiezan a arder como si los hubiera frotado con jabón y se vuelven lacrimosos. Al principio no entiendo lo que está pasando: las lágrimas fluyen de mis ojos y me escuecen tanto que no puedo mantenerlos abiertos. Decido estabilizarme un momento para pensar. Sacudo mi cabeza de lado a lado – en órbita las lágrimas no ruedan por tus mejillas, se acumulan en tus ojos. Entonces entiendo lo que está pasando: durante los preparativos, limpiamos la parte interior de la visera con un agente antivaho. Por la baja presión, el producto se había evaporado y se debía haber metido en mis ojos, irritándolos. Sé que el efecto durará un par de horas y no hay nada que pueda hacer. Me resigno a la sensación de ardor y tengo que sacudir mi cabeza una y otra vez para parar las lágrimas.

Siguiendo la ruta que estudié tantas veces, llego al ELC2, la plataforma para experimentos y equipo instalado en una celosía a la derecha: es una gran estructura situada en la parte que está orientada hacia el negro espacio. Ya ha oscurecido y mientras subo soy consciente de que en este mismo instante, soy el hombre más alejado de la superficie terrestre, especialmente cuando me coloco “al revés” para tomar fotos de los dos experimentos que he venido a recoger: ORMATE y PEC -  dos plataformas de materiales expuestos al vacío.

Retirando un experimento
Para retirarlos, tengo que usar mis guantes presurizados con la mayor destreza. Cada vez que doblo mis dedos es como si apretara una pelota de tenis, y tengo que tener cuidado de no agotar a mis manos. Abriendo sólo un ojo – siguen lacrimosos – consigo desmantelar las dos plataformas y colocarlas en mi traje espacial para llevarlas de vuelta al interior. Shane, nuestro contacto por radio con tierra, nos dice que vamos 20 minutos por delante de la planificación y eso me da mucha confianza mientras engancho los dos experimentos dentro de la esclusa y recojo las herramientas que necesito para la siguiente tarea, que es instalar el APFR (Adjustable Portable Foot Restraint) en el Canadarm2. Realizo la instalación e ingreso en el APFR sin problemas, pero aún así, antes de dar a Karen el OK – ella está al mando del brazo robótico (Canadarm2) – para moverlo de la estructura, le pregunto a Chris si mis pies están correctamente sujetados a la plataforma: ¡son lo único que me mantiene unido al Canadarm!


Luca en el Canadarm / Imagen: NASA

Mientras el brazo se mueve a la primera de varias reubicaciones, un despliegue de belleza incomparable aparece ante mis ojos: atardecer en el espacio. Los colores absorben el negro, blanco y gris a una velocidad increíble en una explosión cromática. Estamos volando sobre el norte de África y el rojo, amarillo, morado y ocre llenan mis ojos de asombro. 

Durante la siguiente hora y media, soy transportado desde un lado a otro de la Estación por el brazo robótico, tanto en modo automático como manual, siempre con Karen en los controles. La tarea consiste en llevar dos enormes RGBs (Radiator Grapple Bar) desde su ubicación temporal para instalarlos en su ubicación permanente. Entre las etapas, desinstalo una cámara rota para llevarla adentro al finalizar la EVA.

En lo que parece un instante, llega la hora de liberarme del brazo y devolverlo a su estado inicial (retirando el APFR). Después me muevo a la punta de la ISS, el PMA2 – el viejo punto de acople del Shuttle - que necesita ser protegido con una cobertura térmica. Según nuestro plan, esta tarea requiere dos astronautas por las dificultades encontradas en tierra a la hora de manipular la cobertura. Pero Chris se ha encontrado con un problema: mientras instala el cable eléctrico, tiene que reunir todas sus fuerzas para conectar los extremos a la estructura de la Estación. El cable ha estado enrollado unos 10 años y ahora le cuesta enderezarse, así que Chris me dice que necesitará más tiempo. Me tendré que ocupar yo solo de la cobertura. Galvanizado por el reto ante mí, casi olvido donde me encuentro: justo en la proa de la nave, ¡y con toda la ISS detrás de mí! Cuando el sol sale una vez más me siento casi abrumado por lo que veo.

Autorretrato de Luca / Imagen: ESA/NASA

Pero no hay tiempo que perder porque el trabajo requiere mi completa atención mientras me muevo de un lado del PMA2, desabrochándome de un sitio y atándome inmediatamente a otro. Mis manos se están cansando, porque tengo que estar moviendo la cobertura para afianzarla a la estructura. No tengo ni idea de cuánto tiempo me va a llevar, pero cuando termino seguimos yendo por delante de lo planeado. Tomo un sorbo de agua, y después recupero dos de los contenedores que trajimos con nosotros y los vuelvo a meter en la esclusa. Instalo un tercer contenedor que permanecerá en el exterior una semana: lo volveremos a introducir dentro durante nuestra segunda EVA. Chris termina su última tarea, precursora de una de las que haré la próxima semana, y llego a la entrada de la esclusa. Antes de entrar no podemos evitar tomar algunas fotos. Después me vuelvo para echar un último vistazo a la Tierra, suspendida como una joya en el negro terciopelo del espacio, antes de entrar en la esclusa. En apenas unos minutos, Chris también está de vuelta y estamos listos para cerrar la escotilla.

Todo ha terminado en un instante. Han pasado 6 horas y 7 minutos.