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viernes, 23 de agosto de 2013

Escenas de la vida en el espacio

Sábado

Hoy Karen y Chris han estado ocupados durante toda la mañana, primero monitoreando la aproximación de la HTV-Kounotori 4 -  la “Cigüeña Blanca” que nos trae aprovisionamientos japoneses, experimentos y materiales – y después con su captura, llevada a cabo por Karen con delicadeza y habilidad.

Al igual que escribí con la llegada de la ATV-4, la llegado de un vehículo de cargamento es siempre emocionante. A diferencia de las naves de cargamento que se acoplan automáticamente al segmento ruso, las del segmento americano son “capturadas” por el Canadarm2, controlado por un operador. Hasta ahora, los vehículos de transporte japoneses han sido muy estables pero la operación de captura sigue siendo extremadamente delicada y son necesarias muchas horas de entrenamiento para resolver situaciones potencialmente desastrosas. Otra diferencia es que la aproximación puede seguirse en directo a través de la Cúpula, que es también desde donde controlamos la captura. Es un evento con su propia belleza particular, que yo describiría como “elegantemente tecnológica”. Kounotori brilla mientras la luz solar se refleja en su superficie dorada: no tiene “alas” como la ATV pero es de tamaño similar y mientras se acerca lentamente no puedo evitar levantarme y mirar con asombro a esta enorme máquina que se mueve de manera tan precisa y controlada. Observo los chorros arrítmicos de gas saliendo de la boquilla del motor y la HTV comienza a rotar para alinearse para la maniobra de acople, ahora ya sólo a unos metros del brazo robótico que ya está preparado esperando. La coreografía silenciosa, a pesar de su sencillez, es emocionante.

Mirando al monitor, la HTV aparece perfectamente quieta a través de la cámara del Canadarm2. Karen recibe autorización para la captura, comienza la aproximación y pide a Chris que ejecute la orden “free drift” (vuelo libre) para la HTV: desde ahora, cualquier rotación o movimiento no será corregido por los motores.

Durante 99 largos segundos, Karen guía el brazo robótico hábilmente y una vez en posición, presiona el “gatillo” que activa el sistema mecánico que enlaza el interfaz de la nave con el Canadarm2. Todo ocurre con precisión y el silencio sólo es interrumpido por la comunicación del tiempo y distancia que apunta Chris y las respuestas de Karen. Chris lee los parámetros y confirma tranquilamente la captura de la HTV-4: la cigüeña ha alcanzado su destino y está lista para entregar su paquete.

Domingo

Ayer los controladores de tierra “engancharon” al HTV4 a la estación y ahora depende de mí y de Karen hacer el trabajo necesario para abrir la escotilla. El proceso de ecualización y reconfiguración es largo y complejo y completarlo nos lleva la mañana entera. Pero cuando desde el control de tierra encienden las luces y echamos el primer vistazo del inmaculado interior del vehículo a través de la escotilla, se enciende una inevitable sonrisa en la cara de Karen y estoy seguro de que en mi cara también hay otra similar. A continuación, el hora de abrir la escotilla: me siento honorado cuando Chris y Karen me dicen que lo haga yo -  un pequeño regalo para el “hermano menor”. Ejecuto el procedimiento con el equipo protector personal (máscara y gafas, por si hubiera algo de polvo en la atmósfera de la HTV): abro la puerta y me deslizo dentro del módulo presurizado. El analizador portátil confirma que no hay contaminantes en la atmósfera: el resto de la tripulación puede entrar de forma segura.

Por la tarde, Chris tiene la tarea de comenzar a abrir cargamente de la HTV. La “coreografía” que nos han enviado desde tierra detalla el orden exacto para abrir cada contenedor y en qué lugar de la Estación debería ser colocado el material. Pero el primer contenedor es especial: contiene regalos de nuestras familias – todo en unos pocos centímetros cúbicos pero lleno de recuerdos, sabores, colores y olores de nuestro planeta.

Con la misma expectación temblorosa de un niño que está a punto de abrir el regalo más grande en su cumpleaños, voy abriendo uno por uno los paquetes que mi mujer Kathy ha preparado cuidadosamente. Con una sonrisa que va en aumento, encuentro paquetes individuales de guindilla verde, una especialidad de Nuevo México que hace que hasta la comida más sosa sea apetitosa. Kathy las ha enviado en cantidades industriales, y habrá suficiente para todos, ¡tanto de esta expedición como de la siguiente! También hay unos cuantos envases de una famosa crema de avellanas – normalmente no soy goloso pero esta especialidad italiana sabe a mi infancia, y ya me estoy imaginando mis futuros desayunos… Después también encuentro algunos libros que reconozco inmediatamente porque los he leído docenas de veces: llenos de colores e imaginación, les he contado estas historias una y otra vez a mis hijas cuando estaban acostadas en la cama, haciéndoles compañía con mi voz mientras se quedaban dormidas.


Pero, como siempre, es el último paquete el que me transporta lejos de esta nave y me lleva de vuelta a la Tierra en una ráfaga de emociones que casi me sobrepasa, causando lágrimas en mis ojos. Plegado dentro de una sencilla bolsa de plástico, se encuentran unos coloridos pedazos de tela: dos cuadrados del tamaño de unos pañuelos, cortados de las mantas de mis hijas. Son suaves y aromáticos; los sujeto frente a mi cara y me sumerjo en el dulce, único e inconfundible olor de mis hijas. Casi puedo sentir el calor de su abrazo y me dejo envolver en la ternura sentida por un padre a través del amor de sus hijas.

martes, 20 de agosto de 2013

EVA 23: explorando la frontera


Mantengo los ojos cerrados mientras escucho a Chris hacer la cuenta atrás de la presión atmosférica dentro de la esclusa – ya está cerca de cero. Pero no estoy cansado, ¡más bien al contrario! Me siento completamente recargado, como si fuera electricidad en vez de sangre lo que corre por mis venas. Sólo quiero asegurarme de experimentar y recordarlo todo. Me estoy preparando mentalmente para abrir la puerta porque esta vez seré el primero en salir de la Estación. A lo mejor me viene bien que ahora sea de noche: al menos no habrá nada que me distraiga. 

Cuando leo 0.5 psi, llega el momento de girar la manivela y tirar de la compuerta. Fuera está completamente negro, pero no el color negro, sino más bien una completa ausencia de luz. Un espectáculo que me absorbe mientras me inclino para enganchar nuestros cables de seguridad. Me siento completamente tranquilo mientras giro mi cuerpo para dejar pasar a Chris. En cuestión de segundos, terminamos los chequeos recíprocos y nos separamos. Incluso aunque nos dirigimos más o menos a la misma parte de la Estación Espacial Internacional, nuestras rutas son completamente distintas, poniendo en marcha la coreografía que hemos estudiado meticulosamente. Mi ruta es directa, hacia la parte trasera de la Estación, mientras Chris tiene que ir primero hacia la parte frontal para enrollar su cable alrededor de Z1, la estructura central que está encima del Node 1. En este momento, ninguno de los que estábamos en órbita o en la Tierra podríamos imaginar cuando influiría esta decisión en los eventos del día.

Luca Parmitano durante la EVA 23 / Imagen: NASA
Pongo especial atención a cada movimiento mientras me dirijo hacia el saco protector que dejamos fuera la semana pasada. No quiero cometer el error de sentirme tan cómodo como para estar relajado. Dentro del saco encuentro los cables que forman parte de la que probablemente sea mi tarea más difícil del día. Tengo que conectarlos a los conectores externos de la Estación, mientras al mismo tiempo los sujeto a la superficie con pequeños alambres de metal. Ambas operaciones requerirán que utilice mucho mis dedos, y sé por experiencia que será una labor extenuante debido a los guantes presurizados.

Chris Cassidy / Imagen: NASA
Chris conectó parcialmente el primer cable la semana pasada, así que sujeto la parte que sigue sin atar y la guío con cuidado hacia el conector. Después de una dificultad inicial, informo a Houston de que he completado la tarea y estoy preparado para el segundo cable. Después de hacerme con el siguiente cable, me muevo en la que creo que es la posición más difícil para trabajar en toda la Estación: estoy literalmente atrapado entre tres módulos diferentes, con mi visera y mi PLSS (mi “mochila”) a sólo unos pocos centímetros de las paredes externas del Node 3, Node 1 y el laboratorio. Con mucha paciencia y con un considerable esfuerzo, consigo ajustar un extremo del segundo cable al conector. Después, moviéndome ciegamente hacia atrás, me libero de la incómoda posición en la que he tenido que trabajar. En tierra, Shane me dice que voy casi 40 minutos por delante de lo planeado, y Chris también va por delante en sus tareas.

En este preciso instante, mientras pienso en cómo desenrollar el cable cuidadosamente (se está moviendo de un lado a otro como poseído en la ingravidez), siento que algo va mal. La inesperada sensación de agua en la nuca me sorprende – y estoy en un lugar donde preferiría no tener ninguna sorpresa. Muevo mi cabeza de lado a lado, confirmando mi primera impresión, y con un esfuerzo sobrehumano me obligo a informar a Houston de lo que estoy notando, sabiendo que podría significar el final de esta EVA. En tierra, Shane confirma que han recibido mi mensaje y me pide que espere instrucciones. Chris, que acaba de terminar, sigue cerca y se mueve hacia mí para ver si puede ver algo e identificar la fuente del agua en mi casco.

Al principio, ambos estamos convencidos de que debe ser agua potable de mi contenedor, o si no, es sudor. Pero yo creo que el agua es demasiado fría para ser sudor, y lo más importante, puedo notar como está aumentando. Tampoco puedo ver ningún líquido saliendo de la válvula para beber agua. Cuando informo a Chris y Shane, inmediatamente recibimos la orden de “terminar” la salida. La otra posibilidad, “abortar”, es usada para problemas más serios. Me dan instrucciones para volver a entrar en la esclusa. Juntos decidimos que Chris debería asegurar todos los elementos que están fuera antes de volver sobre sus pasos hacia la esclusa. Es decir, él irá primero hacia la parte frontal de la Estación. Así que nos separamos.

Luca "atascado" entre 3 módulos.
Mientras vuelvo por mi ruta hacia la esclusa, estoy aún más seguro de que el agua sigue aumentando. La noto cubriendo la almohadilla de mis auriculares y me pregunto si perderé la señal de audio. El agua también ha cubierto prácticamente la parte frontal de mi visera, adhiriéndose a ella y oscureciendo mi visión. Me doy cuenta de que para superar una de las antenas en mi ruta tendré que mover mi cuerpo en una posición vertical, también para que mi cable de seguridad pueda desenrollarse con normalidad. En ese momento, mientras me pongo cabeza abajo, pasan dos cosas: el Sol se pone, y mi habilidad para ver – ya comprometida por el agua – desaparece por completo, haciendo inútiles a mis ojos; pero peor que eso, el agua cubre mi nariz – una sensación realmente horrible que empeoro sacudiendo mi cabeza en un intento en vano de mover el agua. La parte superior del casco está llena de agua y ni siquiera puedo estar seguro de si la próxima vez que respire llenaré mis pulmones con aire y no con líquido. Para complicar más las cosas, me doy cuenta de que tampoco puedo entender hacia qué dirección debo dirigirme para volver a la esclusa. No puedo ver más allá de unos pocos centímetros por delante de mí, ni siquiera lo suficiente para distinguir las asas que utilizamos para movernos alrededor de la Estación.

Intento contactar con Chris y Shane: escucho mientras hablan entre sí, pero sus voces suenan débiles: apenas puedo oírlos y apenas pueden oírme. Estoy solo. Me pongo a pensar frenéticamente en un plan. Es vital que consiga llegar adentro tan rápido como sea posible. Sé que si me quedo donde estoy Chris vendrá a buscarme pero, ¿cuánto tiempo tengo? Es imposible saberlo. Entonces recuerdo mi cable de seguridad. Su mecanismo de retroceso tiene una fuerza de alrededor de 3 libras que me “empujarán” hacia la izquierda. No es mucho, pero es la mejor idea que tengo: seguir el cable hasta la esclusa. Me obligo a mantenerme tranquilo y, localizando pacientemente las asas a través del tacto, comienzo a moverme, todo el rato pensando en cómo eliminar el agua si llegara a alcanzar mi boca. La única idea que se me ocurre es abrir la válvula de seguridad en mi oreja izquierda: si creo una despresurización controlada, debería conseguir expulsar algo de agua, al menos hasta que se congele por sublimación, lo que pararía el flujo. Pero hacer un “agujero” en mi traje sería realmente la última opción.

Mission Control, Houston / Imagen: NASA
Me muevo durante lo que me parece una eternidad (aunque sé que son sólo unos minutos). Finalmente, con una gran sensación de alivio, miro a través de la cortina de agua delante de mis ojos y distingo la cubierta térmica de la esclusa: sólo un poco más, y estaré a salvo. Una de las últimas instrucciones que recibí fue volver adentro inmediatamente, sin esperar a Chris. Según el protocolo, yo debería haber sido el último en entrar a la esclusa, porque fui el primero en salir. Pero ni Chris ni yo tenemos problema en cambiar el orden de reentrada. Moviéndome con los ojos cerrados, consigo meterme dentro y posicionarme para esperar el regreso de Chris. Noto movimiento detrás de mí, Chris entra en la esclusa y juzgando por las vibraciones, sé que está cerrando la escotilla. En ese momento, la comunicación para a Karen y por alguna razón, puedo escucharla bastante bien. Pero me doy cuenta de que ella no me puede oír porque repite mis instrucciones aunque yo ya haya respondido. Sigo las instrucciones de Karen lo mejor que puedo, pero cuando comienza la presurización pierdo todo el audio. El agua está ahora dentro de mis oídos y estoy completamente aislado.

Intento moverme lo mínimo posible para evitar mover el agua dentro de mi casco. Sigo dando información sobre mi salud, diciendo que estoy bien y que la presurización puede continuar. Ahora que estamos presurizando, sé que si el agua me agobia siempre podré abrir el casco. Probablemente perdería el conocimiento, pero en cualquier caso sería mejor que ahogarme dentro del casco. En un momento dado, Chris aprieta mi guante con el suyo y yo le doy el universal “OK” con el pulgar. ¡La última vez que me escuchó hablar fue antes de entrar en la esclusa!

Los largos minutos de presurización pasan y por fin, con una inesperada ola de alivio, veo la puerta interna abierta y el equipo entero reunido y listo para ayudar. Me sacan y Karen desabrocha mi casco tan rápido como es posible, levantándolo con cuidado sobre mi cabeza. Fyodor y Pavel me pasan una toalla inmediatamente y se lo agradezco sin oír sus voces porque mis oídos y nariz todavía siguen llenos de agua durante unos minutos más.

El espacio es duro, una frontera inhóspita y nosotros somos exploradores, no colonizadores. Las habilidades de nuestros ingenieros y la tecnología que nos rodea hacen que las cosas parezcan sencillas cuando no lo son, y quizá lo olvidamos a veces.

Mejor no olvidar.

lunes, 15 de julio de 2013

Un paseo por el espacio


Luca durante la EVA
La esclusa está oscura y silenciosa como un templo, quizá uno dedicado a la tecnología. Al entrar, tiene el efecto calmante de una oración.

Todavía es temprano pero ya llevo levantado una hora. Despúes de afeitarme con más cuidado de lo habitual (no quiero hacerme ningún corte en la cabeza o la cara), tomo un desayuno especialmente grande – no habrá almuerzo hoy. Luego me giro hacia Chris, y debe haber leído la pregunta en mi cara, porque responde incluso antes de que tenga tiempo a hablar: “Sí, vamos allá”. En otras palabras, ha llegado la hora.

El primer paso hacia una EVA (actividad extra-vehicular) es una larga serie de procedimientos, diseñados para manteneros seguros. Después de habernos puesto una sub combination (una especie de ropa interior que nos cubre desde el cuello a los tobillos) y la LCVG (siglas en inglés de Prenda de Refrigeración Líquida y Ventilación), respiramos oxígeno puro durante unos 40 minutos para eliminar el nitrógeno de nuestros cuerpos. Mientras tanto, el equipo en tierra nos guía a través de una serie de comprobaciones en nuestros trajes EMU (siglas en inglés de Unidades de Mobilidad Extra-vehicular), que nosotros seguimos con especial atención: aunque había seguido estos pasos coreografiados muchísimas veces en tierra durante simulaciones, ahora es de verdad y pronto dependeré de este incómodo traje para sobrevivir fuera de la Estación. En el espacio. Es una idea tan increíble que mi cerebro no se para a pensarlo, y en lugar de eso me concentro en las actividades en marcha. El tiempo pasa volando, y de repente es hora para un último tentempié antes de ponernos los trajes. Durante unas 9 horas, no podré comer nada. Todo lo que tengo es una pajita de plástico que me permitirá beber mientras esté fuera.

Ponerse el traje espacial requiere un esfuerzo físico considerable, sobre todo para la parte superior. La sección del torso es rígida y apretada, especialmente para mí porque elegí una talla más pequeña para poder tener más agilidad. Y seré más ágil, pero el precio que debo pagar es tener que contorsionar mis brazos y hombros mientras empujo con mis pies tanto como puedo, hasta que mi cabeza cabe a través del aro de metal y mis manos entran por las muñequeras del traje.
Preparando los trajes

Karen y Chris unen la parte inferior de mi traje espacial (los pantalones) y después es el turno de que Chris haga un esfuerzo similar para meterse en su traje. Karen cierra y bloquea los cascos de ambos trajes tan cuidadosamente como puede, aislándonos dentro. Después pasamos a la segunda fase: el procedimiento de desaturación, durante el cual los trajes son llenados de oxígeno y se configura la esclusa a una presión de 10.2 psi. Mientras tanto, Chris y yo revisamos por enésima vez los procedimientos que seguiremos, centrándonos en cada aspecto de la salida, cada movimiento y cada detalle que estamos a punto de ejecutar. Las comprobaciones continúan su curso y los trajes están en perfecto orden. Lo confirma Houston, donde están siguiendo todo por telemetría, incluso nuestros datos biomédicos.

Fyodor llega para ayudar a Karen a instalar nuestro equipo y para ayudarnos a entrar en la esclusa sellada. Este área, ligeramente más grande que los dos trajes que llevamos puestos, no sólo debe alojarnos a nosotros sino también a todas las herramientas que usaremos para el trabajo de mantenimiento y los instrumentos que hay que sustituir. Enciendo la bomba para despresurizar el ambiente hasta 2 psi; después Karen abre una válvula para descargar el resto de la atmósfera. Parezco estar consciente de todo lo que ocurre a mi alrededor y me siento como si lo estuviera viendo todo a cámara lenta. De repente, me doy cuenta de que el sonido metálico cacofónico proveniente de nuestras herramientas flotando ha desaparecido. El sonido ya no viaja e incluso antes de que Chris me lo diga, sé que la despresurización está completa: estamos en el espacio.

Luca saliendo / Imagen: NASA
Con su calma característica, Chris abre la escotilla y tengo mi primera visión de la Tierra rodando bajo mis ojos. Mi visera es lo único que me separa y me protege de la ardiente luz. El azul cristalino es hipnótico, pero no hay tiempo para detenerse. Chris ya está listo para salir y en unos segundos está fuera. Ahora es mi turno. Con una calma ensayada y metódica, ejecuto cada movimiento como un bailarín sigue su coreografía, pero yo no estoy buscando el aplauso final -  sólo quiero estar seguro de no cometer ningún error. Cuando Chris me dice, “Vale, ¡estás fuera!”, sé que tiene una sonrisa en sus labios, aunque no puedo verlo porque ambos tenemos nuestras viseras doradas bajadas. Es de día, y la luz es tan pura y brillante que hace daño.

De repente, Chris se va, y yo cierro la tapa aislante que protege el interior de la esclusa. Houston me dice que me tome todo el tiempo que quiera para adaptarme, pero yo tengo otros planes: he decidido adaptarme mientras me muevo hacia mi destino: ELC2. Y tan pronto como comienzo a moverme, me doy cuenta de que no tendré problemas: me siento bien, relajado -  como pez en el agua en un entorno que debería sentir completamente extraño para mí. Sin embargo lo siento como algo familiar. Cientos de horas bajo el agua han tenido el efecto deseado. Mientras me muevo, veo que Norteamérica pasa debajo de mí, teñida con la luz del atardecer. Me siento tan bien que no puedo evitar sonreír. Pero mi sonrisa no dura mucho. Cuando llego a mi ubicación planeada para anclar el primero de los dos cables que me sujetan a la Estación, mis ojos empiezan a arder como si los hubiera frotado con jabón y se vuelven lacrimosos. Al principio no entiendo lo que está pasando: las lágrimas fluyen de mis ojos y me escuecen tanto que no puedo mantenerlos abiertos. Decido estabilizarme un momento para pensar. Sacudo mi cabeza de lado a lado – en órbita las lágrimas no ruedan por tus mejillas, se acumulan en tus ojos. Entonces entiendo lo que está pasando: durante los preparativos, limpiamos la parte interior de la visera con un agente antivaho. Por la baja presión, el producto se había evaporado y se debía haber metido en mis ojos, irritándolos. Sé que el efecto durará un par de horas y no hay nada que pueda hacer. Me resigno a la sensación de ardor y tengo que sacudir mi cabeza una y otra vez para parar las lágrimas.

Siguiendo la ruta que estudié tantas veces, llego al ELC2, la plataforma para experimentos y equipo instalado en una celosía a la derecha: es una gran estructura situada en la parte que está orientada hacia el negro espacio. Ya ha oscurecido y mientras subo soy consciente de que en este mismo instante, soy el hombre más alejado de la superficie terrestre, especialmente cuando me coloco “al revés” para tomar fotos de los dos experimentos que he venido a recoger: ORMATE y PEC -  dos plataformas de materiales expuestos al vacío.

Retirando un experimento
Para retirarlos, tengo que usar mis guantes presurizados con la mayor destreza. Cada vez que doblo mis dedos es como si apretara una pelota de tenis, y tengo que tener cuidado de no agotar a mis manos. Abriendo sólo un ojo – siguen lacrimosos – consigo desmantelar las dos plataformas y colocarlas en mi traje espacial para llevarlas de vuelta al interior. Shane, nuestro contacto por radio con tierra, nos dice que vamos 20 minutos por delante de la planificación y eso me da mucha confianza mientras engancho los dos experimentos dentro de la esclusa y recojo las herramientas que necesito para la siguiente tarea, que es instalar el APFR (Adjustable Portable Foot Restraint) en el Canadarm2. Realizo la instalación e ingreso en el APFR sin problemas, pero aún así, antes de dar a Karen el OK – ella está al mando del brazo robótico (Canadarm2) – para moverlo de la estructura, le pregunto a Chris si mis pies están correctamente sujetados a la plataforma: ¡son lo único que me mantiene unido al Canadarm!


Luca en el Canadarm / Imagen: NASA

Mientras el brazo se mueve a la primera de varias reubicaciones, un despliegue de belleza incomparable aparece ante mis ojos: atardecer en el espacio. Los colores absorben el negro, blanco y gris a una velocidad increíble en una explosión cromática. Estamos volando sobre el norte de África y el rojo, amarillo, morado y ocre llenan mis ojos de asombro. 

Durante la siguiente hora y media, soy transportado desde un lado a otro de la Estación por el brazo robótico, tanto en modo automático como manual, siempre con Karen en los controles. La tarea consiste en llevar dos enormes RGBs (Radiator Grapple Bar) desde su ubicación temporal para instalarlos en su ubicación permanente. Entre las etapas, desinstalo una cámara rota para llevarla adentro al finalizar la EVA.

En lo que parece un instante, llega la hora de liberarme del brazo y devolverlo a su estado inicial (retirando el APFR). Después me muevo a la punta de la ISS, el PMA2 – el viejo punto de acople del Shuttle - que necesita ser protegido con una cobertura térmica. Según nuestro plan, esta tarea requiere dos astronautas por las dificultades encontradas en tierra a la hora de manipular la cobertura. Pero Chris se ha encontrado con un problema: mientras instala el cable eléctrico, tiene que reunir todas sus fuerzas para conectar los extremos a la estructura de la Estación. El cable ha estado enrollado unos 10 años y ahora le cuesta enderezarse, así que Chris me dice que necesitará más tiempo. Me tendré que ocupar yo solo de la cobertura. Galvanizado por el reto ante mí, casi olvido donde me encuentro: justo en la proa de la nave, ¡y con toda la ISS detrás de mí! Cuando el sol sale una vez más me siento casi abrumado por lo que veo.

Autorretrato de Luca / Imagen: ESA/NASA

Pero no hay tiempo que perder porque el trabajo requiere mi completa atención mientras me muevo de un lado del PMA2, desabrochándome de un sitio y atándome inmediatamente a otro. Mis manos se están cansando, porque tengo que estar moviendo la cobertura para afianzarla a la estructura. No tengo ni idea de cuánto tiempo me va a llevar, pero cuando termino seguimos yendo por delante de lo planeado. Tomo un sorbo de agua, y después recupero dos de los contenedores que trajimos con nosotros y los vuelvo a meter en la esclusa. Instalo un tercer contenedor que permanecerá en el exterior una semana: lo volveremos a introducir dentro durante nuestra segunda EVA. Chris termina su última tarea, precursora de una de las que haré la próxima semana, y llego a la entrada de la esclusa. Antes de entrar no podemos evitar tomar algunas fotos. Después me vuelvo para echar un último vistazo a la Tierra, suspendida como una joya en el negro terciopelo del espacio, antes de entrar en la esclusa. En apenas unos minutos, Chris también está de vuelta y estamos listos para cerrar la escotilla.

Todo ha terminado en un instante. Han pasado 6 horas y 7 minutos.